Por Carlos Avendaño.
Los zapatos negros en la UAS: la nueva “revolución educativa”. En las preparatorias de la UAS en Sinaloa, parece que la revolución académica comenzó por los pies. Sí, así como lo lee usted estimado lector: los alumnos están siendo regresados a sus casas porque no llevan zapatos o tenis negros. ¡Negros, eh!, porque al parecer el conocimiento solo entra por la vista del calzado monocromático. La orden, según trasciende, vino por parte de los directivos de la UAS, estos mismos que seguramente se olvidaron de que hay familias que hoy apenas juntan para las tortillas y el camión. Y claro, los padres de familia ya preparan protesta, porque la “norma escolar” se estrelló de frente con la realidad: la economía anda en números rojos y no precisamente de suela. Un par de tenis o zapatos negros medianamente decentes cuesta entre 700 y 1,300 pesos, dependiendo la marca. Para una familia con dos o tres hijos en la prepa, hablamos de un gasto de varios miles de pesos que simplemente no existen en la cartera. La realidad es que muchísimos padres terminan por ir a pedir de fiado en la zapatería o con vales de crédito, porque no les queda de otra: sus hijos deben estar tomando clases y hay que mandarlos con zapatos negros a huevito, aunque en la mesa no haya ni carne ni leche ni huevos. Y para rematar el despropósito, los directivos aseguran que “sí se les avisó” a todos los padres sobre el reglamento escolar. ¿Y cómo fue el aviso? Pues con toda la seriedad y la formalidad de la era digital: mediante Telegram o WhatsApp, como si las circulares escolares fueran memes o cadenas de piolines. Aviase visto este tipo de “documentos oficiales” que deciden la educación de los jóvenes. El absurdo es de antología: exigir uniformidad en el calzado, cuando lo que falta en los hogares es la canasta básica. ¿O será que ahora la UAS busca patrocinio de alguna zapatería? ¿O quieren abrir la materia de “Ciencias del Zapato Negro” para darle más seriedad al asunto? En plena crisis económica, esta medida es como aventarle un balde de agua helada a los padres y a los alumnos. Y mientras tanto, los directivos se sienten como si fueran generales del ejército disciplinado, aunque en lugar de fusiles lo que exigen son zapatos o tenis negros. Porque ya ve, en Sinaloa se puede andar con calles inseguras, con aulas cayéndose y con salarios que no alcanzan, pero ¡ay de aquel que se atreva a pisar la prepa con tenis blancos! En fin, lo que debería de ser una institución educativa, se vuelve un desfile de pasarela en donde lo académico pasa a segundo plano. Bienvenidos al mundo donde la excelencia en las preparatorias de la UAS se mide por la tinta de tus zapatos o tenis de color negro…
El profe que no da clases de gobierno. En Mocorito, el flamante presidente municipal Enrique Parra Melesio, ya no gobierna: sobrevive. Los Guerreros Azules lo acorralaron y, al pobre, no le quedó de otra más que esconderse detrás del pretexto de siempre: “no hay dinero”. Como si la falta de presupuesto fuera una excusa mágica para incumplir con viudas de policías que ya tienen sentencias ganadas. En septiembre de 2024, el profe sonreía en la foto con los Guerreros Azules, prometiendo soluciones. Doce meses después, ya no sonríe: se atrincheró en la oficina, mientras afuera le montaban plantón, lo sitiaban y hasta le dormían en la presidencia. Lo dejaron como maestro de kínder: sin respeto y rodeado de berrinches, aunque esta vez justificados. Cuando la presión lo rebasó, vino la receta clásica: mesas de diálogo, minutas, compromisos de pago, la burocracia maquillada de voluntad política. Y para no verse tan miserable, lanzó la gran promesa: “30 mil pesos antes del 30 de septiembre de 2025”. Una limosna institucional disfrazada de justicia social. La pregunta es simple: ¿De dónde va a sacar el dinero el profe Enrique Parra Melesio? ¿Acaso su compadre, el todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, le va a tirar un salvavidas? Todo indica definitivamente que nel pastel. Ni para eso hay tantita voluntad. Así que, si usted lo ve escondido al profe Enrique detrás de un escritorio, no lo moleste: está practicando el arte de patear el bote, esta asignatura favorita de los nuevos políticos morenistas que ya reprobaron como gobernantes…
Gracias al “excelente apoyo” de nuestras flamantes autoridades federales, estatales y municipales, Sinaloa vive un auge… pero de desempleo y cierre de negocios. En Culiacán, la capital sinaloense, la cortina bajó de golpe en El Gallito, uno de los restaurantes más emblemáticos del centro histórico. El pasado domingo se despidió de sus clientes, dejando tras de sí un espacio lleno de recuerdos y sabores que ahora solo quedarán en la memoria. Pero que no se engañe nadie: este cierre no es un caso aislado ni una mala racha empresarial. Es el retrato de la violencia imparable que asfixia a la economía local. Los empresarios no quiebran por incompetentes, quiebran por miedo. Cierran no porque falten clientes, sino porque sobra inseguridad. Mientras tanto, las autoridades se toman la foto, presumen “estrategias” y repiten el discurso oficial de que todo está bajo control. La realidad, sin embargo, es otra: negocios cerrados, empleos perdidos y una ciudadanía cada vez más cansada de la ausencia del Estado. En Culiacán, cerrar un negocio ya no es solo una decisión económica: es un acto de supervivencia. Y en esa tragedia, nuestras autoridades brillan… pero solo por su ausencia…
Quiérase o no, Alejandro Moreno Cárdenas logró lo impensable: atrajo los reflectores ciudadanos y hasta las simpatías, enfrentándose al eterno gritón del Senado, Porfirio Gerardo Rodolfo Fernández Noroña. Tan solo bastaron unos empujones de Alito para que el “tribuno del pueblo” terminará azorrillado, más preocupado por su peinado que por su discurso revolucionario. La gente lo vio simple: “Alito se defendió” y en la lógica torcida de la política mexicana, esto ya lo coloca como un gladiador y no como un sobreviviente de su propio lodazal. Si el PRI logra capitalizar este pequeño show de golpes y de gritos, podría armarse de más ruido del que sus urnas vacías han logrado en los últimos años. Porque no nos engañemos: Alito Moreno podrá ser un cabrón de primera, con una cola más larga que las filas del IMSS, pero ha sido el único priista que ha tenido los pantalones (o la temeridad) de plantarle cara al régimen morenista. El resto del priismo nacional anda en modo estampita: muy calladitos, muy obedientes y muy esperando a que la virgen “MORENA” les conceda chamba o impunidad. En los estados, dicen que ya todos emulan su “lucha”, subrayó: “dicen”. En Sinaloa, la verdadera incógnita es si los dueños del PRI se sumarán al pleito o seguirán hincados rezando, con la mirada puesta en el altar equivocado: el de la virgen guinda. Al final de cuentas, Alito no se volvió héroe por ser honesto, sino por ser el único que todavía pega manotazos en un partido que lleva años entregando flores en lugar de piedras, por no decir que las nachas…
Este primero de septiembre arrancó funciones el “nuevo” Poder Judicial Federal, encabezado por una Suprema Corte de Justicia reducida: de once ministros pasamos a nueve. Todos flamantes, todos electos el primer domingo de junio, y -qué casualidad- todos con carnet de simpatizantes, si no es que de militantes de la Cuarta Transformación. La independencia judicial, que en teoría debiera ser el muro de contención contra los abusos del poder, terminó convertida en el tapete de bienvenida del lopezobradorismo. Porque aquí no hablamos de una Suprema Corte renovada, sino de una Suprema Corte alineada. Y la Constitución, esa que grita separación de poderes, hoy suena más a letra muerta que a norma viva. La ironía no acaba ahí: ministros, magistrados y jueces “electos” por apenas el 15% del padrón, es decir, 13 millones de votos en un país de más de 90 millones de ciudadanos en lista nominal. ¿Justicia democrática? No: justicia a modo. El nuevo Poder Judicial nace con una mayoría política incrustada en la toga. Y si el árbitro de la ley juega en el mismo equipo que el gobierno, la cancha ya está inclinada. Lo que viene no es certeza jurídica, sino un Poder Judicial convertido en una sucursal de la 4T. Y luego uno se pregunta: ¿Por qué se desconfía de la democracia mexicana?…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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